Un típico día a bordo

Son las siete de la mañana; el sonido de la campana señala el inicio de un nuevo día a bordo.

Tal como se acordó ayer durante la cena, la gente que quiere bucear se despereza y va subiendo al comedor a prepararse un té y coger unas galletas.  Al mismo tiempo el director de crucero se ha adelantado con la zodiac para chequear  el punto de inmersión y examinar su corriente y visibilidad. Aunque todavía es temprano el sol luce ya con fuerza y una sensación de bienestar nos envuelve a todos. Estamos ansiosos por descubrir de primera mano esos fondos marinos tan maravillosos de los que todo el mundo nos ha hablado tanto.

Los fotógrafos están preparando sus cámaras en la popa. En esta zona hay una mesa de más de cuatro metros cuadrados  exclusiva para ellos y sus equipos fotográficos. Aquí  disponen de sitio suficiente para poder cambiar  baterías, objetivos…, además  debajo de la mesa hay distribuidas unas  cajas donde pueden colocar todo lo que pueden ir necesitando durante el crucero.

Una vez reunidos en la cubierta de buceo, empieza el ‘briefing, el informe de las condiciones en las que se va a bucear, características del fondo, consejos de seguridad y demás. El briefing se da tanto en castellano como en inglés . Va a ser una inmersión-deriva, aprovechando la subida de la marea, a lo largo de un muro profundísimo cubierto de corales blandos, gorgonias gigantes y esponjas-barril salpicadas de crinoideos.

Una vez cambiados, los buceadores van descendiendo por las escaleras reales para embarcar en las dos semirrígidas que les transportan planeando hasta el punto de buceo. Nuestro equipo ya está colocado en las zodiacs, sólo nos tenemos que preocupar de coger la máscara, las aletas y la cámara si la llevamos. Tras saltar, la corriente arrastra suavemente a los buceadores a lo largo de un muro colorido, con destellos de miríadas de pececillos diminutos que nadan al unísono frente a la pared y echando frecuentes miradas al azul para ver pasar esos grupos de atunes, fusileros azules y amarillos y algún que otro tiburón vigilante. Las dos lanchas han seguido el recorrido de los buceadores por la superficie y los va recogiendo conforme van asomando a la superficie. De vuelta al barco, frente a un copioso desayuno, se comenta la inmersión: para algunos, el espectáculo de la manta con los carángidos picoteando los parásitos de su vientre ha sido el punto álgido; para otros, ha sido más emocionante el encuentro con los tiburones que se han acercado lo suficiente como para ser fotografiados.

Después de desayunar, los fotógrafos se vuelcan en la tarea de preparar las cámaras para la siguiente inmersión; la gente repasa sus equipos, recoge sus baterías de la estación de carga, ensambla sus cámaras y se reúne con los demás para entregarse a un perezoso baño de sol en las hamacas del solarium, o simplemente leer o dormitar a la sombra del toldo, en los bancos de proa. A media mañana, la campana suena de nuevo, es hora de bucear otra vez. A petición de los clientes, se va a repetir la misma inmersión, pero esta vez sin corriente y a menor profundidad. Aprovechando la pleamar, se va a saltar cuando la deriva es ya flojísima, permitiendo a los fotógrafos trabajar en las múltiples cuevas y techos que han localizado durante la primera inmersión. Tras ultimar los detalles de la organización, el ritual de cambiarse se repite y las dos zodiacs pronto dibujan sendas estelas paralelas que se alejan del barco.

Al volver de la inmersión, el barco espera ya con el rumor del motor en marcha. En cuanto regresa la ultima zodiac, se levan anclas y se pone rumbo a una pequeña isla cercana. El mar está en calma y los clientes deciden comer al aire libre en la mesa de afuera, bajo el toldo de lona blanca. Al llegar al café, S.M.Y. ONDINA ha llegado ya a su destino y recoge uno de sus propios amarres instalado con anterioridad. Es la hora de la siesta y todos encuentran su lugar para descansar: algunos en las tumbonas del solarium, otros prefieren el aire acondicionado de los camarotes y los demás caen exhaustos en el comedor tras hojear las múltiples guías de peces e invertebrados disponibles en la librería de a bordo.

Al rato, suena la llamada a la siguiente inmersión. En el Ondina tenemos una frase que dice: si tienes la cabeza mojada es hora de comer y si tienes la cabeza seca es hora de bucear y funciona!., En esta tercera inmersión podremos encontrar un grupo de pináculos a poca profundidad profusamente decorados. Los nudibranquios son muy abundantes aquí y varios componentes del grupo encuentran alguna de estas magníficas criaturas a lo largo de esta plácida inmersión. Otros ven además una raya águila, tortugas y un par de tiburones de puntas negras.

Tras regresar al barco, la gente deja sus equipos y es embarcada de nuevo en las lanchas para ir a dar un paseo por la playa de arena blanca, a visitar el pequeño poblado de pescadores establecido entre los cocoteros. Los nativos ofrecen sonrientes unas cuantas langostas que constituirán la cena de esta noche, a cambio de algunas vituallas, tabaco, refrescos y chocolate. Les compramos algunos preciosos batiks para regalar a la vuelta a nuestro pais y de paso les demostramos las ventajas de recibir buceadores en su zona gracias a conservar sus arrecifes. En el camino de vuelta al barco el monzón va levantando una ligera brisa.. Hoy no se hará inmersión nocturna; esta noche se navegará un buen trecho para alcanzar uno de los archipiélagos más interesantes mañana al amanecer.

El sol desaparece ya tras el horizonte, es una hora especial por la calma que se respira.  En concreto el atardecer de hoy es espectacular, todos sus colores se reflejan en la superficie.  Los fotógrafos con sus cámaras en las manos intentan captar la explosión de color, el resto de los clientes simplemente se quedan contemplando  absortos, creo que todos pensamos lo mismo: ” Indonesia es mucho más de lo que nunca hubiéramos imaginado”.

Después de cenar se comentan los encuentros subacuáticos del día: las fotos de la manta han salido bien, así como las de aquel atún gigantesco y el cardumen de barracudas a contraluz. Para  los que están haciendo el curso de  Fotografía Submarina es un momento ideal para impartir una clase de teoría así como de comentar las fotografías tomadas durante el día y de resolver dudas y cuestiones.

Mientras, los demás cogen una bebida y se van instalando  cómodamente en proa sentados alrededor de la mesa. Unos se acomodan en las hamacas para dejarse balancear por el suave vaivén de la navegación y otros suben a la cubierta superior.  El firmamento está plagado de estrellas, la  tripulación se da cuenta y apaga todas las luces del barco para que podamos admirarlo y se hace la magia,¿has visto la cruz del sur?.